Os dejo aquí en absoluta primicia las primeras páginas de mi trabajo, aun inacabado, sobre este gran artista, a ver si así alguien se anima a venir a verlo. Este pequeño trocito del comienzo que (los que queráis) vais a leer no es aun definitivo, porque lo veo algo pomposo, pero por eso si alguien quiere hacer alguna crítica, esta será bien-ve-ni-daaaaaaaaaaaa!!!!
1. ASÍ QUE PASEN 66 AÑOS
Granada, 17 de Septiembre de 2010
Son las ocho de la tarde de un día aun caluroso, a finales de verano. En los alrededores del Palacio de los Deportes, numerosa gente se arremolina ante las puertas del recinto. Los vendedores de cerveza y refrescos, cubo en mano, hacen negocio a costa de la sed de las gentes. Personas, coches, buses venidos de todas partes, políticos y autoridades locales, gentes del mundo de la música, fans de toda la vida, familias enteras con abuelos y nietos. El acontecimiento marca el inicio del otoño. Y el final de la carrera de un artista, que, recogido en el camerino, escucha de fondo el gentío, cada vez mas alto, dentro del Palacio. El artista, el paisano, respira hondo, nervioso pero emocionado. Cada vez se oye más fuerte, “Miguel, Miguel”. El olor a tabaco llega por las bocanas, la gente corre de un lado a otro. Los miembros del equipo de producción ultiman los detalles, los técnicos aun prueban todo el instrumental. Las azafatas intentan orientar a la gente que va entrando mientras las barras del Palacio comienzan la venta. El ambiente es el mismo, pero el entorno ha cambiado. Miguel está ante una gran noche, otra de esas establecidas en su calendario vital como giro inevitable del destino. Es un paso más, adelante, siempre adelante. Una etapa se cierra, otra se abre. Pero esta vez es diferente. La responsabilidad pesa, más incluso que la edad. Miguel se sabe capaz de todo, pero se mira al espejo y a veces le asaltan las dudas, esas mismas que se planteaba al repasar el repertorio, de tantos años, eligiendo qué regalar por última vez a su público, probándose el traje de rockero que todo el mundo dice hoy que fue el que mejor le sentó. Aquél que lució en los largos veranos del 82, 83…melenita rizada, cuero, pantalones ajustados, Miguel. Pero no sabe, honestamente, hasta qué punto será posible llevarlo puesto con galantería y dignidad.
Es una gira de despedida. Pero ¿despedida de qué? ¿Realmente te vas, artista, paisano? No del todo, no te vas del todo, Miguel. Y a la cabeza del artista acuden, repentinamente y sin que nadie los llame, las numerosas imágenes, recuerdos, noches, viajes, situaciones, que forman su particular memoria. “Vuelvo a Granada, vuelvo a mi hogar, entre mi gente…”. ¿Qué mejor manera de comenzar el final del camino que tomar como salida el punto que -tantos años hace ya, Miguel- sirvió para lanzarte, Nacional IV hacia arriba, de la nada al todo? No es lo mismo partir sin saber a donde, que partir hacia donde ya has estado, ido, venido. Vamos hacia allá, Miguel, vamos hacia delante siempre. Con la cabeza alta, con las patillas bien perfiladas, con los sueños, ingenuamente intactos, desprovistos, hoy por fin, de toda tacha de duda o queja. Vamos a vernos ahí arriba de nuevo, Miguel. Y saldrás y saludarás a tu gente. Y te recibirán con los brazos abiertos, y aunque no lo creas, nadie dudará de que podrás hacerlo, una vez más. Y sólo dejarás de hacerlo porque así lo has decidido. Y sigue pasando gente a saludarte gente al camerino, y tú te muestras contento y seguro, porque hoy es como cuando eres niño y te hacen una fiesta de cumpleaños. Y la adulación y las buenas palabras y las enhorabuenas, Miguel, por llegar a donde has llegado, se entremezclan con el amargo regusto de la despedida. Ahí fuera hay diez mil almas esperando por ti, Miguel. Muchos de ellos ni habían nacido cuando tú ya comenzabas a pensarte viejo, cuando apenas peinabas cuarenta añitos.
Y ahora, que son sesenta y seis las primaveras vividas, aun te preguntas cómo pueden seguir esperando por ti, gritando, ahí debajo del escenario. Pero bien lo sabes, saldrás y lo harás una vez más. Tal vez cometas uno, dos, o diez fallos esta noche, pero poco importará, porque el escalón más alto del podium te lo ganaste ya hace tanto. Pero no te fallarán las fuerzas, ni la voz, ese prodigio, ese don que te ha llevado, junto a un buen par de pelotas, a donde estás. Y todo a pulmón, Miguel, todo a pulmón. Que lo conseguido bien se sabe que no ha sido un regalo, aunque de todo ha habido que hacer, ¿verdad artista? Todo a pulmón.
Granada, 1982. Gira Rock And Rios.
El Campo de Futbol de Los Carmenes, vienen diciendo los más viejos del lugar, ya empieza, literalmente, a caerse a trozos. Ah, tantas tardes gloriosas del Granada en Primera División. “Aquí vino Cruyff, cagándose de miedo, ni pollas”, cuenta un viejo a otro, observando desde lejos la molesta algarabía alrededor de la entrada principal al viejo Campo. No es un ambiente demasiado tranquilizador. Cientos de rockeros suben, desde la Avenida de Calvo Sotelo, por Doctor Oloriz, bebiendo, gritando. No es tarde de futbol, pero huele igual, a alcohol, a sudor, a pasión. Los bares en torno al Campo de Futbol hierven, reventados, sirviendo quintos de Alambra, con los jóvenes bebiendo en las puertas. Es el evento del verano a nivel nacional, la gira que nadie quiere –debe- perderse. El rock ha llegado a nuestro país, viene desde dentro, se transforma en fiesta de luces, laser, miles de vatios de modernidad. Un granadino, entre bambalinas, intuye la escena, nervioso. Está a pocos metros del lugar donde nació, creció, jugo. Cuantas veces soñó, que juego más barato, esos goles que se oían a lo lejos. Cuantas veces no deseó poder estar ahí dentro, codo con codo con las miles de personas que cada domingo, con las claves del marcador simultáneo en mano, se agolpaban en la general, de pie, junto a la pequeña choza que servía bebidas, a pocos metros de la prisión, en busca de goles y gloria.
Un granadino, un artista, que vuelve a su tierra, a su ciudad, a su barrio. Y vuelve como nadie imaginó que lo haría, como auténtico número uno, dentro de su rollo, a nivel nacional. Miguel, mira de reojo, y todo lo que ve le tranquiliza. Ahí está su personal, sus amigos, sus músicos que no fallan. Afuera, más amigos, conocidos, familia, paisanos. El artista, Miguel, repasa (no es necesario pero lo hace), la lista de los temas que esa noche se oirán desde Maracena, desde La Chana, acaso tal vez desde las lujosas azoteas más allá del Triunfo. Y viaja con su memoría desde ahí hasta Calle Reyes Católicos, donde hace años, muchos pero no suficientes como para olvidarlos, comenzó este viaje, desde esa pequeña y oportuna sección de discos de Almacenes Olmedo, hasta la capital de España, y de ahí a muchos destinos, viajando sobre dos pies pisando fuerte, mas adelantados que ningunos, detrás del rock de aquí y de allí, luchando contra molinos que se van venciendo, soportando tardes de soledad en la gran ciudad, muchas horas pateando para llegar a donde estás, que es nada menos que de donde saliste, paisano, pero ahora de otro modo, verdad. Y es aquí, en tu barrio, tan cerquita de la casa de tu madre, donde definitivamente te das cuenta de que todo ha valido la pena, nada menos que, como dices en “Bienvenidos”, veinte años de camino. A veces las cosas valen lo que cuesta conseguirlas, Miguel. Y asomarte al escenario de Los Carmenes, y ver a esas miles de personas esperando por ti, en tu ciudad, en tu barrio, Miguel, no tiene precio.
1944, a finales de la primavera.
Las noticias apenas llegaban con cuentagotas a la calle. El Diario Ideal, adscrito al Régimen como cualquier medio de comunicación de la época, apenas trataba temas de política nacional. Dejando de lado las numerosas noticias redactadas directamente desde Madrid por manos cercanas a la cúpula, apenas había cabida más que para voluntariosas efemérides militares y religiosas. Muy cerquita del Campo de Futbol de Los Cármenes, un vendedor de prensa vociferaba ofreciendo el Ideal a las gentes que iban y venían, por calles polvorientas desde la zona norte de Granada camino al centro de la ciudad. La noticia ese día, la llegada de las fuerzas aliadas a las playas francesas, apoyadas por una certera maniobra de los paracaidistas americanos y de decenas de voluntariosos soldados sobre canoas de asalto, que soportaron el fuego enemigo llegado desde la orilla. El sol, según el diario, sale hoy a las 6.55 horas y se pone a las 21.32 horas, y se alcanzarán los treinta grados de temperatura.
El vendedor de prensa, apostado en la esquina de la Carretera de Madrid con la nueva Facultad de Medicina, aprovecha el tirón que ofrece en la población la visita que ese día rinde el Ministro de Educación para inaugurar tan singular edificio. A pocos metros, las calles suben hacia el Monasterio de La Cartuja, regadas de blanqueadas casas de dos plantas que se asientan sobre un terreno elevado desde el cual, y sobre las chimeneas del Barrio de San Lázaro, se divisa la Vega granadina. En una de esas calles del denominado Cercado Bajo de Cartuja, la del Cardenal Parrado, un mujer da a luz a un bebé, sano, al que llamará Miguel. Justo ese día, con las fuerzas aliadas en Le Havre y Cherburgo, y el Ministro de Educación, en acto público muy cerquita.
El Cercado Bajo de Cartuja se llama así desde tiempos lejanos, al menos desde que el primer Monasterio de la Cartuja fuera fundado cuatrocientos años atrás, poco después de la toma de Granada por los Reyes Católicos. Una orden religiosa, dominando el basto espacio entre las pequeñas montañas que elevan el camino entre Granada y la zona norte de su provincia, dirección a Almería, y el otro lado de la ciudad, al sur, presidido por el imponente paisaje de Sierra Nevada. Sobre la falda del terreno desde el que domina el Monasterio, se asienta el Cercado Bajo, en el mismo lugar donde anteriormente había un cementerio sin apenas protección. Un cementerio pobre, lugar donde las alimañas campaban a su antojo, era ahora el terreno sobre el que se construían viviendas sencillas y humildes, cercanas a pabellones militares y a los nuevos barrios que se iban abriendo hacia el norte y el oeste. Calles todavía de tierra, que confluyen en el camino que va a Madrid y que pasa por el Campo de Futbol, y se extiende y se pierde hacia el norte. Casas en las que viven gente de origen humilde, muchas de ellas venidas de las localidades que poblan una provincia abatida bajo el sol y la escasez de oportunidades de subsistencia rural.

3 comentarios:
Pues eso, se admiten críticas.
Joder Largo, no sé qué haces vendiendo pisos. Me he quedao flipa, por qué no se lo mandas a él? Seguro que le encanta leerlo.
Lo que no entiendo es lo último, eso no tiene nada que ver con Miguel Rios no??? Y yo no lo veo nada pomposo, lo veo perfecto, aunque no se si te has equivocado con lo de "el tabaco llega por las bocanas" o es que es así. Pero vamos, chominas aparte, eres MUUU GRANDE!!
Lo ultimo no es que sea lo ultimo, es que no os puse más, en esa parte del libro hablo de como era el barrio en el que nació Miguel, justo al lado del monasterio de cartuja. La cosa sigue, con su nacimiento,infancia y todo eso.
Las bocanas por las que llega el olor a tabaco son esos espacios abiertos que hay a las espaldas de las gradas de los recintos deportivos. Vamos, los pasillos, a lo mejor cambio el término bocana, buena puntualización.
Ayer me dijo Lolo que le parece algo denso, ya sé que mi manera de escribir es demasiado literaria en este primer episodio. Realmente ahí lo que quiero es poner un poco en contexto el concierto de este viernes, comparándolo con el de Los Carmenes de hace casi 30 años. Lógicamente es una ficción, pero creo que queda bien. El resto del libro no va por esos caminos, para muestra os pongo otro capítulo, sobre como se grabó Rock And Rios.
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