No sé si habeis visto hoy el periódico, vuestro Largo favorito ha llorado en público por la crisis (página 23). La verdad es que ya llevaba tiempo pensando en escribir algo sobre el tema inmobiliario, ya que estoy un poco hasta los cojones de ver lo que está pasando. Me limito a dar mi punto de vista como vendedor de pisos, sin relación directa con promotora ni constructora alguna. Fijaros, que en vuestras ocupaciones, si la crisis os afectara en algo, las consecuencias no serían tan extremadamente crudas como las que yo estoy sufriendo. Yo directamente me he quedado SIN CLIENTES. no es que haya menos, es que directamente NO HAY.
Imagino que Santi por ejemplo no estará muy de acuerdo con mis ataques al sector financiero. No sé si a Carmen la habrán puesto como a otras compañeras suyas de empresa que conozco, a intentar inmovilizar en la medida de lo posible la pasta de la gente. Yo sí que os puedo decir que he perdido varias ventas en los últimos meses porque, cuando has hecho todo el trabajo comercial, el cliente va a su banco o caja y allí directamente le dicen que si está loco, que no compre, que no es el momento, que se espere...yo digo una cosa: ¿alguien está seguro de que dentro de un año la vivienda va a ser más barata? ¿es más arriesgado dar hoy un préstamo hipotecario, para comprar una vivienda que por fin no está sobrevalorada, que hace dos años, cuando nadie veía ese riesgo para comprar la vivienda mucho más cara? La codicia del que espera ahora a que baje para comprar es igual de nociva que la del que antes esperaba a vender más caro.
Sé que os estoy dando el tostón, pero es que me tengo que desahogar con alguien.
Por cierto, mi carta al Ideal es la versión ultra-corta de la que escribí originalmente, que era mucho más larga y que reproduzco aquí, por si alguien quiere leerla y decirme qué opina al respecto:
Sr. Director de IDEAL:
La actual crisis económica, tan traída y llevada últimamente, es una cuestión de hecho que, por fin, parece ser reconocida por todos los sectores políticos y sociales de nuestro país. Incluido, finalmente, un gobierno que pretende no saber cuando ni de qué manera solventar ese profundo bache en el que tanto empresas (grandes, medianas, pequeñas) como ciudadanos de a pie nos encontramos sumergidos. Desde mi modesta posición, cercana al mercado inmobiliario de nuestra provincia, y conocedor de los a veces complejos mecanismos que hacen que este tipo de situaciones revistan consecuencias tan nefastas, me permito hacer una serie de precisiones a cuestiones que llevo percibiendo estos meses en los medios de comunicación y, definitivamente, en la calle, hervidero de comentarios que aportan la temperatura justa de este enfermo por cuya supervivencia muchos peleamos día a día.
Se acusa denostada y vehementemente al sector inmobiliario de ser gran culpable de la situación actual. Yerran en parte quienes creen que la gallina de los huevos de oro la alimentamos quienes animábamos sin piedad a la compra masiva de inmuebles y al consiguiente endeudamiento exacerbado. En los casi diez años que llevo en el sector he visto como política continuada de los agentes inmobiliarios el tratar de contener en la medida de lo posible los precios de la vivienda. Precios que crecían sin más remedio y razón que el hecho de que se pagaba por ellos cualquier suma que en principio pareciera poco razonable. Muchos veían oportunidad de negocio en compras que ahora se antojan causantes del mal de muchos. Eran años de inversores sin dinero (una figura endémica de nuestro país: “quiero invertir un dinero que no tengo, para eso está el banco”). Precisamente las entidades de crédito, quienes más cautela debieron mostrar en esos momentos, comenzaron a diseñar innovadoras líneas de producto que multiplicaban el consumo y por tanto el endeudamiento de los ciudadanos, a través de figuras como el crédito puente o la hipoteca con carencia, a las que unieron una inmensa gama de tarjetas para crédito al consumo con unos intereses inversamente proporcionales al tamaño de la letra en el que se dejaba constancia de los mismos. Lógicamente, en una época de grandes expectativas, era fácil ver colas de personas en las puertas de las promotoras, o de los concesionarios de coches. O carros llenos de productos tan de primera necesidad como las pantallas de plasma o los humidificadores de aire, en nuestros centros comerciales. Esas mismas entidades han adoptado ahora la política “menos crédito, más liquidez”. A buenas horas quieren maquillar el desaguisado, los impagos se multiplicarán en los próximos meses, cuando esos atractivos periodos de carencia comiencen a vencer. Bastante gente que conozco no adquiere vivienda ahora, a mejor precio en muchos casos que hace tres años, simplemente porque su banco o caja se lo ha desaconsejado. Lógicamente, para la entidad va a ser mucho más rentable colocar esos euros en un lugar seguro de donde no pueda escapar con facilidad. Esta zancadilla bancaria que muchos estamos sufriendo como ciudadanos se extiende a empresas que, lejos de intentar pasar de largo por la crisis a costa de futuros beneficios, no dudan ni por un segundo darlo todo por perdido. Y sí, puede ser bastante atractivo reírse en un primer momento del que dio el pelotazo y paseó su fácilmente ganada gloria por resorts de lujo y concesionarios de coches de gama alta. Pero quienes lo hacen deben recordar que detrás de todo empresario (bueno o malo, más o menos honesto) hay una cantidad de personas, trabajadores que de sol a sol han aportado su grano de arena a que las cosas fueran bien, y que de repente se ven, digámoslo de buen modo, en la mísera calle.
Hay quien piensa que en este sube y baja que es la economía basta con aguantar el tirón y esperar a que el estado de las cosas recupere su justo equilibrio, un concepto económico de difícil determinación, ya que nunca veremos con transparencia un asunto que se nos va de las manos. Si las cosas vuelven a darse bien, los bancos comenzarán de nuevo su política de concesión masiva de créditos que ahora niegan de manera sistemática. Precisamente ahora, pienso, el hecho de pedir una hipoteca demuestra por parte del consumidor una implacable decisión por adquirir una vivienda, con todas las consecuencias. Es decir, un hecho concienzudo y meditado. Pero, ¿quién sabe qué clase de lógica impera en las decisiones que toman ahora los directivos de nuestros bancos y cajas? Conozco el concepto de riesgo crediticio y, humildemente, veo ahora muchas menos posibilidades de pegársela en ese sentido. Los bancos no sólo no dan sino que aconsejan, a quién no necesita dinero porque ya lo tiene, ponerlo en otro lado. De esa manera me parece muy difícil levantar el vuelo de nuevo ya que, tal vez tristemente, buena parte de nuestra economía está montada alrededor del ahora tan denostado ladrillo, el mismo que a todos nos dio la oportunidad de crecer y avanzar a una nueva vida que hace unas décadas ni hubiéramos soñado en nuestro país. Y no quiero matar al mensajero, pero son muchas veces los medios de comunicación quienes, lejos de guardar ciertas distancias sobre realidades que conocen sólo de pasada, publican abultados titulares que raramente separan la paja del grano y que crean una alarma que se acumula al ya de por sí enorme miedo de las gentes. No digo que haya que vender optimismo, eso sería igualmente erróneo, pero sí al menos cuidar en cierta medida la manera de transmitir unos datos que son incuestionables pero que se agravan cuando se convierten en psicosis colectiva.
Hagamos autocrítica los ciudadanos también. Que no se nos olvide cómo lo estamos pasando ahora, y que cuando veamos de nuevo crecer verde la hierba, no nos dé por segarla otra vez a cambio de quien sabe qué nuevos sueños de todo a cien que sin duda volverán a desfilar ante nuestros asombrados ojos. Dicen que las crisis representan la oportunidad de volver a salir adelante, de alcanzar nuevas metas y de superarse a uno mismo, con la consiguiente realización. Yo, mejor, prefiero pensar que son lecciones que nos da la vida, y que nos aportan una experiencia que es preferible no olvidar. Ya se sabe que todo esto va de ciclos. Sería muy triste volver a cometer, todos, los mismos errores. Si es que salimos de esta.
La actual crisis económica, tan traída y llevada últimamente, es una cuestión de hecho que, por fin, parece ser reconocida por todos los sectores políticos y sociales de nuestro país. Incluido, finalmente, un gobierno que pretende no saber cuando ni de qué manera solventar ese profundo bache en el que tanto empresas (grandes, medianas, pequeñas) como ciudadanos de a pie nos encontramos sumergidos. Desde mi modesta posición, cercana al mercado inmobiliario de nuestra provincia, y conocedor de los a veces complejos mecanismos que hacen que este tipo de situaciones revistan consecuencias tan nefastas, me permito hacer una serie de precisiones a cuestiones que llevo percibiendo estos meses en los medios de comunicación y, definitivamente, en la calle, hervidero de comentarios que aportan la temperatura justa de este enfermo por cuya supervivencia muchos peleamos día a día.
Se acusa denostada y vehementemente al sector inmobiliario de ser gran culpable de la situación actual. Yerran en parte quienes creen que la gallina de los huevos de oro la alimentamos quienes animábamos sin piedad a la compra masiva de inmuebles y al consiguiente endeudamiento exacerbado. En los casi diez años que llevo en el sector he visto como política continuada de los agentes inmobiliarios el tratar de contener en la medida de lo posible los precios de la vivienda. Precios que crecían sin más remedio y razón que el hecho de que se pagaba por ellos cualquier suma que en principio pareciera poco razonable. Muchos veían oportunidad de negocio en compras que ahora se antojan causantes del mal de muchos. Eran años de inversores sin dinero (una figura endémica de nuestro país: “quiero invertir un dinero que no tengo, para eso está el banco”). Precisamente las entidades de crédito, quienes más cautela debieron mostrar en esos momentos, comenzaron a diseñar innovadoras líneas de producto que multiplicaban el consumo y por tanto el endeudamiento de los ciudadanos, a través de figuras como el crédito puente o la hipoteca con carencia, a las que unieron una inmensa gama de tarjetas para crédito al consumo con unos intereses inversamente proporcionales al tamaño de la letra en el que se dejaba constancia de los mismos. Lógicamente, en una época de grandes expectativas, era fácil ver colas de personas en las puertas de las promotoras, o de los concesionarios de coches. O carros llenos de productos tan de primera necesidad como las pantallas de plasma o los humidificadores de aire, en nuestros centros comerciales. Esas mismas entidades han adoptado ahora la política “menos crédito, más liquidez”. A buenas horas quieren maquillar el desaguisado, los impagos se multiplicarán en los próximos meses, cuando esos atractivos periodos de carencia comiencen a vencer. Bastante gente que conozco no adquiere vivienda ahora, a mejor precio en muchos casos que hace tres años, simplemente porque su banco o caja se lo ha desaconsejado. Lógicamente, para la entidad va a ser mucho más rentable colocar esos euros en un lugar seguro de donde no pueda escapar con facilidad. Esta zancadilla bancaria que muchos estamos sufriendo como ciudadanos se extiende a empresas que, lejos de intentar pasar de largo por la crisis a costa de futuros beneficios, no dudan ni por un segundo darlo todo por perdido. Y sí, puede ser bastante atractivo reírse en un primer momento del que dio el pelotazo y paseó su fácilmente ganada gloria por resorts de lujo y concesionarios de coches de gama alta. Pero quienes lo hacen deben recordar que detrás de todo empresario (bueno o malo, más o menos honesto) hay una cantidad de personas, trabajadores que de sol a sol han aportado su grano de arena a que las cosas fueran bien, y que de repente se ven, digámoslo de buen modo, en la mísera calle.
Hay quien piensa que en este sube y baja que es la economía basta con aguantar el tirón y esperar a que el estado de las cosas recupere su justo equilibrio, un concepto económico de difícil determinación, ya que nunca veremos con transparencia un asunto que se nos va de las manos. Si las cosas vuelven a darse bien, los bancos comenzarán de nuevo su política de concesión masiva de créditos que ahora niegan de manera sistemática. Precisamente ahora, pienso, el hecho de pedir una hipoteca demuestra por parte del consumidor una implacable decisión por adquirir una vivienda, con todas las consecuencias. Es decir, un hecho concienzudo y meditado. Pero, ¿quién sabe qué clase de lógica impera en las decisiones que toman ahora los directivos de nuestros bancos y cajas? Conozco el concepto de riesgo crediticio y, humildemente, veo ahora muchas menos posibilidades de pegársela en ese sentido. Los bancos no sólo no dan sino que aconsejan, a quién no necesita dinero porque ya lo tiene, ponerlo en otro lado. De esa manera me parece muy difícil levantar el vuelo de nuevo ya que, tal vez tristemente, buena parte de nuestra economía está montada alrededor del ahora tan denostado ladrillo, el mismo que a todos nos dio la oportunidad de crecer y avanzar a una nueva vida que hace unas décadas ni hubiéramos soñado en nuestro país. Y no quiero matar al mensajero, pero son muchas veces los medios de comunicación quienes, lejos de guardar ciertas distancias sobre realidades que conocen sólo de pasada, publican abultados titulares que raramente separan la paja del grano y que crean una alarma que se acumula al ya de por sí enorme miedo de las gentes. No digo que haya que vender optimismo, eso sería igualmente erróneo, pero sí al menos cuidar en cierta medida la manera de transmitir unos datos que son incuestionables pero que se agravan cuando se convierten en psicosis colectiva.
Hagamos autocrítica los ciudadanos también. Que no se nos olvide cómo lo estamos pasando ahora, y que cuando veamos de nuevo crecer verde la hierba, no nos dé por segarla otra vez a cambio de quien sabe qué nuevos sueños de todo a cien que sin duda volverán a desfilar ante nuestros asombrados ojos. Dicen que las crisis representan la oportunidad de volver a salir adelante, de alcanzar nuevas metas y de superarse a uno mismo, con la consiguiente realización. Yo, mejor, prefiero pensar que son lecciones que nos da la vida, y que nos aportan una experiencia que es preferible no olvidar. Ya se sabe que todo esto va de ciclos. Sería muy triste volver a cometer, todos, los mismos errores. Si es que salimos de esta.


13 comentarios:
Hola he puesto una nueva entrada, esta vez sobre algo más serio, pero ya de paso, pregunto quien quiere hacer planes para este fin de semana???
hola Largo, entiendo lo que cuentas en tu articulo debe ser duro, pero tambien era previsible que esa marcha no iba a durar. hoy me enterado que mayoral ha presentado consurso de acreedores el 15 de julio, asi que a apretarse el cinturon pues estan cayendo las grandes.
respecto al finde, nosotros nos quedamos pero lolo el sabado tiene guardia, para variar.
asi que en principio el domingo si estaremos libres ya de vacaciones.
Largo me ha gustado mucho tu reflexión. La realidad es que al final ha pasado lo que todo el mundo decía que iba a pasar pero en el fondo creía que no iba a pasar. Hay que pensar que queda un año muy jodido pero creo que el 2010 será mejor. 3 claves: Bajada de tipos, liquidez y parada de la construcción. Esto hara que el mercado inmobiliario se reactive de una froma más racional. este finde estamos en el cortijo, nosotros bajamos al almuñecar el 13 en principio. Hablamos el viernes
En mi sector es al revés: decíamos que no iba a pasar y realmente creíamos que pasaría. Hoy un amigo mio que trabaja en la Rural (y que no es Santi) decía al leer mi carta que soy un capullo, como si los bancos fueran culpables y nosotros no. Pero yo le he dicho: yo sólo ponía al cliente, el cliente venía con una necesidad (racional o no) y eráis vosotros los que poníais la pasta. Lo que Porres dice de 2.010 yo también lo veo claro, pero decirme como se va a mantener Unicasa con 10 ó 15 operaciones mensuales a lo sumo, acostumbrada a las 100-120 de hace un par de años. A 2.010 no veo claro que llegue casi nadie. El parón ha sido demasiado duro, y creo que excesivo. Si estos meses malos que llevamos sirven para que a finales de este año la cosa comience a animarse, ojalá...
Largo, enhorabuena por tu carta, está muy bien.
Sólo romper una lanza a favor de las entidades financieras ( no tiene nada que ver con que trabaje en una)Las Entidades Financieras, han permitido a muchas familias conseguir sueños que de otra forma no podrían conseguir y es ser propietarios de su propia vivienda y crear así un ahorro a largo plazo para la vejez.
Las Entidades financieras venden dinero y por lo tanto ponen al alcance de mucha gente necesidades y caprichos. Son éstos últimos de los que un alto porcentaje de la población no se han privado en estos años ( coches cojonudos, comunión de la Yenifer por todo lo alto,televisiones tamaño xxl, dvd con high definition, consolas de juegos...) y muchos o se han endeudado para adquirirlos o han recurrido a sus ahorros para comprarlos.
Lo que tu afirmas es como decir que hay borrachos porque existen bares o licorerias.
Señores lo que hay que tener es sentido común y un poquito más de austeridad! No se necesitan tantas jilipolleces para vivir. Y de la de cosas que tienen los niños de hoy en día mejor no hablar.
Es mi opinión.
por aportar otro punto de vista, sólo espero que los que fuimos prudentes y decidimos vivir de alquiler en vez de convertirnos en propietarios no acabemos pagando los excesos de los más listos: así que ojito con ayudar con dinero público a los que se afixien con las hipotecas, a inmobiliarias en quiebra, a bancos con demasiados morosos, etc....
Sorry pero también es mi opinión.
Largo, tú tranquilo, no sé si serás bueno vendiendo pisos, pero escribiendo (de música o de lo que sea) sí que te veo futuro.
Santi, lo de las familias gastando es un hecho, y es verdad que la culpa no es directamente de la entidad financiera, en ese sentido me refiero más a los cofidis, credit services, y tambien a las tarjetas citibank, bankinter, etc...quiero decir que en estos años ha sido muy facil (y caro, por lo de los intereses), tener una visa oro con la que disparar esos gastos.
Insisto en lo que digo al final del todo: a mi por lo menos esto me esta sirviendo para en el futuro no empalmarme cuando las cosas vengan bien. Y quien sabe a lo mejor dentro de unos meses estoy en otra empresa, vendiendo otro producto o haciendo otra cosa y descubro un nuevo mundo y nuevas oportunidades, y eso siempre es bonito y te anima bastante, el asumir nuevos retos.
creo que todos teneis razon en parte, se ha abusado del credito facil, se han endeudado las familias muy por encima de sus posibilidades y los bancos han concedido hipotecas con cuato de 800 euros a personas con sueldos de 1200 euros, por lo que han sido culpables pues ellos mejor que nadie y como asesores finacnieros debian infomrar del riesgo de subidas de inetreses que se iba a producir.
y los bancos ahora cunado la gente y las empresas carecen de liquidez pero tiene inmuebles han deciido endurecer sus condiciones de prestamo en exceso, han pasado de una aobsluta permisividad y tasaciones al alza, con hipotecas del 100%, ha no dar nada pero eso si los bancos son los unciso que salen en el telederio con beneficios de miles de millones , el Botin no quiebra eso seguro.
Largo hablamos mañan y vemo sque hacemos en finde nostros estamos aqui hasta el martes, un abrazo a todos, nos vemos en Almuñecar city.
Nosotros estamos a partir del martes en Almuñecar, así que hablaremos para quedar. ¿Quién está por allí la semana que viene a parte de Angi y Lolo?
Nosotros llegamos el viernes que viene asi que espero que para esa noche ya estemos unos cuantos dispuestos a incendiar el higuitos.
Este sabado Magda y yo nos vamos a Malaga a echar el dia, hacer unas comprillas y comer por el Palo casi seguro, pero por la noche nos iremos para Almu.
Largo enhorabuena por la redacción de tu carta, escribiendo de esa forma no te faltara trabajo. en cuanto al contenido no puedo estar de acuerdo en todo. si basas la economia de un pais solo en la construccion es obvio que llegara un momento en el que el mercado se saturara, no creo que los bancos sean los culpables de esta crisis , que como entidades privadas lo unico que hacen es mirar por sus intereses al igual que las inmobiliarias y constructoras han hecho durante esta bonanza economica, pero no quiero terminar sin decir que despues de todo bajon hay una subida y aunque esta crisis tardara en pasar antes o despues terminara, si esta crisis te sirve para entrar en un sector mas productivo se podria dar por buena. un saludo.
feliz Navidad a todos
Porres, que aburrido te veo...
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